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intríngulis.

(De origen incierto).

1. m. Dificultad o complicación de algo.

2. m. coloq. Intención solapada o razón oculta que se entrevé o supone en una persona o en una acción.

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¿Está loco el Gato de Cheshire?

Este conversación entre Alicia y el Gato de Cheshire del célebre libro de Lewis Caroll Alicia en el País de las Maravillas ilustra un modo de razonamiento que en muchas ocasiones nos lleva a confusiones y malos entendidos, sobre todo en nuestras relaciones con los demás, con las consecuencias que todos podemos imaginar.

El Gato de Cheshire llega a la conclusión de que debe estar loco, pues actúa exactamente al revés de como lo hace un perro, al que se le supone cuerdo.

“Un perro no está loco, ¿no? […] Bien, el perro gruñe cuando está enfadado y mueve el rabo cuando está contento. Pues yo gruño cuando estoy contento y muevo el rabo cuando estoy enfadado. Por consiguiente, estoy loco”

Lewis Carroll vuelve la lógica del revés con este razonamiento. En Lógica existe un modo de razonamiento inductivo denominado modus ponens que permite hacer inferencias o llegar a conclusiones partiendo de un hecho. Si se establece la siguiente regla:

Si ocurre p, entonces ocurrirá q
en la que a p se le llama antecedente y a q consecuente, y sabemos que p ha ocurrido, entonces podemos llegar sin error a la conclusión de que q ocurrirá también. Por ejemplo, si una chica nos asegura que:
Si no llueve, saldré con mis amigas y nos veremos en los pubs
y comprobamos que no llueve (p), entonces podremos concluir que más nos vale ponernos guapos porque saldrá y la veremos (q)

También podemos llegar a otra conclusión más: si sabemos que no se ha producido q (no q) entonces podemos inferir correctamente que p no se produjo (no p). Aplicado a nuestro ejemplo, si tenemos constancia de que la chica no salió, podemos atribuirlo a que llovió. Este tipo de razonamiento se denomina modus tollens.

En el caso de Alicia y el Gato de Cheshire, se establece la siguiente regla:

Si un animal gruñe cuando está enfadado y mueve la cola cuando está contento (p), entonces está cuerdo (q).

El problema aparece cuando lo que sucede no es p sino “no p”, o sea, siguiendo con nuestro ejemplo, lo que sucede es que llueve (“no p” = no “no llueve” = llueve). ¿Qué concluiríamos entonces? Que la chica no iba a salir (no q) y que podíamos quedarnos tranquilamente en casa viendo una peli. ¿Y si al día siguiente un amigo nos dice que vio a nuestra churri en los pubs (y, de paso, que estuvieron bailando y que han quedado para el próximo finde)? Pensaremos que ella no ha cumplido su palabra porque nos dejó bien claro que si llovía, no saldría…. ¡ERROR! Al llegar a esa conclusión habríamos caído en la trampa de la falacia de negación del antecedente: que la regla sea cierta en un sentido (se cumple p, luego se cumple q) no implica que lo sea también en el contrario (no se cumple p, luego no se cumple q). La regla dice lo que ha de suceder ante la ocurrencia de p, pero no especifica que ocurriré si o no se cumple. Por lo tanto, si p no se cumple no podemos concluir nada válido. Esto es lo que dice la lógica.

Sin embargo, en la vida cotidiana, pensamos que la regla es cierta en ambos sentidos, es decir, suponemos, erróneamente, que la regla es implícitamente simétrica (lo mismo que vale para p valdrá para no p y concluimos no q). ¿Por qué pensamos eso? Quizá porque es más cómodo emplear reglas simétricas que tener que considerar todos los posibles casos, es decir, por economía cognitiva.

Pero… ¿y el Gato de Cheshire? Según la Lógica, cae en la falacia de negación del antecedente, luego está cuerdo… ¿o no?
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Tu personalidad en cinco palabras

En Psicología de la Personalidad se considera que el modelo que mejor describe la personalidad humana en la actualidad es el Modelo de los Cinco Factores, también conocido como modelo Big Five o modelo OCEAN, por la siglas en inglés de dichos rasgos de personalidad, que son:

APERTURA A LA EXPERIENCIA (OPENNESS)

Evalúa la búsqueda activa y el aprecio por la experiencia; tolerancia y exploración de lo no familiar.

VOLUNTAD O MINUCIOSIDAD (CONSCIENTIOUSNESS)

Evalúa el grado de organización, persistencia y motivación para la conducta dirigida a metas. Diferencia a las personas serias, formales, exigentes de aquellas otras que son informales, descuidadas, indiferentes y poco rigurosas.

EXTRAVERSIÓN (EXTRAVERSION)

Evalúa la cantidad e intensidad de las interacciones interpersonales, nivel de actividad, necesidad de estimulación, capacidad para el disfrute y el gozo.

SENSIBILIDAD A LAS RELACIONES INTERPERSONALES (AGREEABLENESS)

Evalúa la calidad de la orientación interpersonal a lo largo de un continuo que va desde la compasión hasta el antagonismo en los pensamiento, los sentimientos y las conductas.

NEUROTICISMO (NEUROTICISM)

Evalúa el ajuste vs. inestabilidad emocional. Identifica a individuos con tendencia al malestar psicológico, ideas irreales, excesiva vehemencia o ansia y respuestas de afrontamiento desadaptativas


¿Irascible, emocional, vengativo, convencional,…


o curioso, seguro, compasivo y afable?
Así, una persona que puntuase alto en los cinco factores sería percibida como una persona curiosa, de amplios intereses, original (apertura), organizado, puntual, perseverante (voluntad), sociable, optimista, amante de la diversión (extraversión), compasivo, crédulo, no rencoroso (sensibilidad) y preocupado, inseguro, emocional (neuroticismo). Y en el polo opuesto, una persona que puntuase bajo en los 5 factores sería percibida como una persona convencional, práctica, de pocos intereses (apertura), informal, perezosa, indisciplinada (voluntad), reservada, orientada a la tarea, callada (extraversión), cínica, vengativa, manipuladora (sensibilidad) y relajada, segura y autosatisfecha (neuroticismo).

Adaptado de Introducción al estudio de las diferencias individuales 2ª Ed. (Ángeles Sánchez-Elvira Paniagua)
Lee J. Cobb y Henry Fonda, los dos antagonistas miembros del jurado de la película DOCE HOMBRES SIN PIEDAD de Sidney Lumet

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¿Simple coincidencia?

En el mundo moderno aplicamos el principio de causa y efecto para tratar de comprender lo que nos rodea. Así, creemos que todo sucede por una causa observable y medible. Pero para el psicólogo suizo Carl Gustav Jung existía otra clase de sucesos, que no obedecen a causas directas u observables. La religión los considera milagros que obedecen al principio de la providencia de un dios; Jung los denominó fenomenos de sincronicidad.

Jung cita en sus cartas [vol.1, 1973, p.395] un sucedido que es un asombroso ejemplo de sincronicidad: “Por ejemplo, camino con una mujer paciente mía por un bosque. Me está hablando del primer sueño de su vida que creó una impresión duradera en ella. Había soñado con un zorro fantasmal que bajaba las escaleras de la casa de sus padres. En ese preciso momento, un zorro real sale de entre los árboles a unos 30 metros y camina tranquilamente por el sendero delante nuestro durante varios minutos. El animal se comporta como si tuviera un papel en la situación humana.”

Según Jung, estos dos acontecimientos no están relacionados de manera causal, sino que están conectados por un significado común. Para interpretar esta sicronicidad debemos estudiar qué simboliza el zorro. No en vano, Jung dedicó buena parte de su trabajo al estudio de los símbolos y de los arquetipos universales presentes en el inconsciente colectivo, idea fundamental de la psicología jungiana, que quizá os suene por haberla estudiado en filosofía de BUP. Esta teoría sostiene que existe un lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y todos los lugares del mundo, formado por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psiquis que va más allá de la razón. Nuestra forma de entender el mundo que nos rodea y nuestra propia vida estaría íntimamente estructurada sobre arquetipos, que son conjuntos de ideas, vivencias y conocimientos, y símbolos, que son la envoltura con que los arquetipos se manifiestan de forma concreta.

Otro ejemplo de sincronicidad es el conocido caso del escarabajo: “Una joven a la que estaba tratando tuvo, en un momento crítico, un sueño en el que se le entregaba un escarabajo dorado. Mientras me estaba contando su sueño yo estaba sentado con mi espalda hacia una ventana cerrada. De repente, oí un ruido detrás mío, como un suave golpeteo. Me di la vuelta y vi un insecto volador chocándose contra el cristal de fuera. Abrí la ventana y cogí a la criatura al vuelo cuando entraba en la habitación. Era lo más cercano a un escarabajo dorado que uno pueda encontrar en estas latitudes, un Cetonia Aurata, que en contra de sus costumbres había sentido la necesidad de meterse en una habitación a oscuras en ese preciso momento”.

Según Jung, cuando uno ha experimentado varias de estas sincronicidades termina teniendo la impresión de que hay algún sentido detrás de ellas. Es más, indicarían que nuestro mundo interno, en forma de sueños surgidos de nuestro inconsciente, sabe algo acerca del exterior y que, recíprocamente, el mundo externo, material o inmaterial, también sabe algo de nuestro interior. Lo que Jung postuló es que ambos mundos, el exterior y el interior, forman una unidad, denominada realidad psicofísica unificada, y que los fenómenos de sincronicidad surgen en los momentos en que dicho mundo único se manifiesta plenamente.

Ante un fenómeno de sincronicidad habría que extraer el simbolismo oculto en estas coincidencias para comprender el arquetipo universal que permite comprender la situación del sujeto y que le puede servir de orientación.

Terminemos con simpático caso de sincronicidad, que tiene que ver con el pudding de ciruelas. Se trata de la historia real del escritor francés Émile Deschamps, quien en 1805 fue convidado a pudding de ciruelas por el desconocido Monsieur de Fontgibu. Diez años después, Monsieur Deschamps encontró pudding de ciruelas en el menú de un restaurante de París, y cuando decidió pedirlo, el camarero le dijo que la última ración había sido servida ya a otro cliente, que resultó ser Monsieur de Fontgibu. Muchos años después, en 1832, Émile Deschamps estaba cenando y de nuevo tiene la oportunidad de tomar pudding de ciruelas. Acordándose de las veces anteriores, les dijo a sus amigos que sólo faltaba Monsieur de Fontgibu en esa situación y justo en ese momento el anciano Monsieur de Fontgibu entró en el salón por equivocación.

Adaptado de Introduction to Carl G. Jung’s Principle of Synchronicity y Carl G. Jung’s Scarab Synchronicity

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El loco (0)

“Con paso ligero, como si el mundo y sus asuntos no tuviesen poder para detenerle, un hombre joven vestido alegremente se detiene al borde de un precipicio situado entre las grandes altitudes del mundo; contempla el horizonte, fijándose más en el cielo que en el fondo del precipicio. […] La sima que se abre a sus pies no le produce terror, como si los ángeles estuvieran aguardando a sujetarle si decidiese saltar al vacío. Su rostro rebosa inteligencia y sueños esperanzados. En una mano porta una rosa y en la otra una vara de la que cuelga una bolsa curiosamente bordada. Es un príncipe del otro mundo viajando por el nuestro. El sol, que luce detrás suyo, sabe de dónde vino, a dónde se dirige, y cómo regresará por otro camino tras muchas jornadas.”
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